Todo lo que existe en la naturaleza tiene espíritu, es manifestación de la Vida creadora de la vida. Contemplar con capacidad de asombro, aunque sea un único árbol, nos envuelve en la sabiduría de la comunidad viva de la Tierra. La espiritualidad surge sola, como descubrimiento de que todo es sagrado, de que todo revela lo trascendente, de que el cuidado y el compromiso con las personas y con la naturaleza nos humaniza y nos diviniza.




